Reforzamos el control térmico y la alimentación de los animales ante la bajada de temperaturas

hace 3 meses

Nuestro equipo de cuidadores y veterinarios ha activado el plan estacional de bienestar animal ante la previsible bajada de temperaturas. Las medidas se basan en tres pilares fundamentales: el control de la temperatura, la adaptación de la dieta y la suplementación, y el ajuste de los entrenamientos de manejo. Estas actuaciones se adaptan a las necesidades específicas de cada especie y garantizan el máximo confort de los animales durante los meses más fríos del año.

Por un lado, para mantener una temperatura adecuada, el parque cuenta con sistemas de calefacción y climatización adaptados a cada recinto. Estos sistemas, que incluyen aire acondicionado con función de calefacción, radiadores y lámparas de calor, son revisados entre dos y tres veces al día para asegurar su correcto funcionamiento. Además, los cobijos y cerramientos internos permanecen cerrados durante el invierno para conservar el calor y se abren en los meses cálidos, garantizando una ventilación natural. Estas actuaciones son especialmente importantes en especies sensibles como los titis, primates, rinocerontes, perezosos, aves tropicales, ciervos, reptiles y rapaces. En los recintos de elefantes, por ejemplo, la temperatura nunca desciende de los 15 ºC, mientras que los reptiles, como los cocodrilos, requieren un control más estricto, con valores mantenidos entre 26 y 30 ºC y una ligera reducción de la dieta para evitar digestiones incompletas en condiciones de frío.

Las nutrias también cuentan con una atención especial: aunque su denso pelaje actúa como aislante natural, disponen de lámparas de calor adicionales y zonas secas para su descanso. En el caso de animales con crías, se preparan camas de paja y se incrementa la frecuencia de los chequeos para asegurar un entorno cálido y estable.

Por otro lado, los cuidados nutricionales también se refuerzan durante esta época. Las dietas se ajustan tanto en cantidad como en aporte calórico, sin alterar la composición básica de los alimentos. Los carnívoros reciben un incremento de carne para favorecer la acumulación de reservas energéticas, mientras que los herbívoros ven aumentada su ración de piensos, verduras y heno. En el caso de los primates, se añaden suplementos de vitamina C en forma de gominolas desde octubre hasta marzo, con el fin de reforzar su sistema inmunológico.

Un ejemplo claro es la alimentación de los titis y otros primates, cuya dieta se distribuye en tres fases diarias. Por la mañana se les ofrece el ‘Primate Cake’, un alimento formulado con cereales, frutas deshidratadas, vitaminas y proteínas, que cubre sus necesidades esenciales. La cantidad se calcula en función del peso de cada individuo, con una media de 10 gramos por kilo corporal, ajustándose según edad o estado fisiológico. A lo largo del día, se complementa con frutas, verduras y proteínas vivas, como larvas, asegurando un equilibrio nutricional adecuado y evitando déficits energéticos durante los meses de menor temperatura.

La planificación de estas dietas implica una coordinación constante entre los cuidadores, el personal de cocina y el equipo veterinario. Los veterinarios elaboran las guías de manejo y determinan las necesidades nutricionales de cada especie, mientras que los cuidadores de cocina preparan los alimentos según un plan diario específico. Este sistema de trabajo conjunto permite ajustar cualquier parámetro de forma inmediata y garantizar una alimentación óptima en todo momento.

Por último, el entrenamiento y manejo de los animales también se adapta a las condiciones invernales. Las rutinas permiten que las especies respondan con calma ante los cambios climáticos y accedan de forma voluntaria a sus cobijos o zonas de resguardo. Este tipo de entrenamiento, basado en refuerzo positivo, evita situaciones de estrés y facilita la labor de los cuidadores en caso de lluvia, descenso brusco de temperatura o revisiones veterinarias. Un ejemplo de ello se observa en los guacamayos, que acuden de forma voluntaria a sus refugios cuando llueve o baja la temperatura, gracias a los protocolos de entrenamiento reforzados durante el año.

“El bienestar animal es un trabajo continuo durante todo el año, pero el invierno requiere una atención especial. Cada especie tiene unas necesidades térmicas y nutricionales específicas, y nuestro objetivo es asegurar que todas ellas se mantengan activas, seguras y cómodas incluso en las condiciones más frías”, ha destacado nuestro equipo veterinario.

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